Poítica
OMAR
MORA DÍAZ, presidente del Tribunal Supremo de Justicia
“Sí, yo sí soy revolucionario”
El
nuevo rector del Poder Judicial se enorgullece de su pasado y de su
presente. De haber militado en la Juventud Comunista y haber estado
preso en siete oportunidades; de haber contribuido a reestablecer
la estabilidad política después de la crisis de abril
de 2002; así como de ser protagonista de una transformación
radical del sistema de administración de justicia que estaría
por venir
EDGAR LÓPEZ

Fotos SANDRA
BRACHO
Mora se manifestó a favor de la revolución agraria,
pero en contra de las invasiones y el desconocimiento arbitrario de
la propiedad privada
—
Hoy es 4 de febrero, ¿hay algo que celebrar?
—Bueno, hoy es una fecha histórica que, más que
de celebración, debe ser motivo de reflexión.
Fue
un hecho que marcó el inicio de un proceso de cambios que se
venía gestando silenciosamente y que era la respuesta necesaria
a la crisis de carácter económico, social, político
que venía de los últimos 30 años por lo menos.
Significó una especie de campanazo.
—¿Lo
ocurrido el 4-F fue un golpe?
—Sí, por supuesto. Y más que un golpe de Estado,
una especie de rebelión cívico-militar contra el orden
establecido. Así fue reconocido por sus mismos protagonistas.
—¿No
había otra opción?
—Desde mi perspectiva, los que participaron en esa insurrección
cívico-militar lo hicieron sobre la base de que no había
posibilidad ninguna de cambios dentro del mismo orden institucional.
Por esa razón, yo creo que no había otra alternativa.
—¿Cuál
es la diferencia entre lo ocurrido el 4-F y lo ocurrido el 12 de abril
de 2002?
—La diferencia radical está en que el nuevo modelo constitucional
del país establece mecanismos de participación y protagonismo
social que pueden canalizar la disidencia y permitir, de verdad verdad,
que la mayoría de los venezolanos puedan, en un momento dado,
cambiar el rumbo a la situación institucional del país.
Con la Constitución del 61 y un régimen de democracia
puramente formal, no había verdadera participación protagónica
ni posibilidad de expresar y canalizar el descontento político.
Por ejemplo, no existían las instituciones del referéndum.
En este momento, Venezuela es una de las democracias más oxigenadas
del mundo, como lo dijo la esposa de Miterrand.
El
golpe de Estado de abril de 2002 fue producto de una conspiración
que también llegó al Poder Judicial.
—¿De
qué manera?
—De la mano de algunas personas que, de una u otra manera, tenían
influencia determinante dentro del Poder Judicial —¿Puede
nombrar a alguna de esas personas?
—Sí, yo creo que es público y notorio, por ejemplo,
que Luis Miquilena tenía una influencia determinante en la
composición del Tribunal Supremo de Justicia y, obviamente,
a través de ellos operaba la influencia política con
sectores afectos a esta conspiración.
No
es casualidad que después de los sucesos del 11 de abril, el
señor Miquilena dijo públicamente que el Presidente
de la República se manchó las manos de sangre, a pesar
de que hasta unos pocos meses atrás, hasta noviembre de 2001,
había sido su ministro del Interior y Justicia. Acá
mismo —en el TSJ— Franklin Arrieche vino a pedirle a Iván
Rincón que pusiera su cargo a la orden, para facilitar las
cosas, porque Arcayita, como llamó Arrieche al ex ministro
de Relaciones Exteriores Ignacio Arcaya, iba a viajar a Washington,
yo me imagino que a pedir la bendición de Washington al golpe
de Estado. También le dijo que no había ninguna garantía
de que los magistrados nos quedáramos en nuestros puestos,
pero que él iba a hacer todos los esfuerzos. La idea de él
era asumir la presidencia del tribunal y después validar el
golpe de Estado.
Fue
entonces cuando Juan Rafael Perdomo y yo le dijimos a Rincón:
‘No pongas ningún cargo a la orden que esto es un vulgar
golpe de Estado’ . Estaba clara la intención de promover
el llamado chavismo sin Chávez.
—¿Cómo
fue el proceso de recomposición del TSJ hasta hacer desaparecer
el miquilenismo de su seno?
—La gobernabilidad del Poder Judicial se vio amenazada y generó
un clima de impunidad, particularmente a partir de la sentencia que
absolvió a los golpistas, porque eso estimuló otra forma
de subversión del orden constitucional. Tan es así que,
a los pocos meses de esa sentencia, se llevó a cabo el paro
petrolero, eminentemente político e insurreccional.
Después
del fracaso del paro petrolero, se montó otro golpe institucional,
a través de un referéndum consultivo disfrazado de revocatorio,
tratando con ello, también, de crear una situación de
insurrección popular.
Una
vez que nosotros, en el TSJ, logramos abortar ese otro golpe institucional,
entonces, por fin, se pusieron en vigencia los mecanismos institucionales
establecidos en la Constitución.
—¿Cómo
ha sido y cómo será el engranaje entre el Gobierno nacional
y el Tribunal Supremo de Justicia, a efectos del proceso de cambios
que lidera Hugo Chávez?
—El deber de todo Tribunal Supremo de Justicia del mundo es
ser el soporte fundamental de la Constitución y de la institucionalidad,
independientemente del gobierno que, en un momento dado, esté
ejerciendo la Presidencia de la República. Yo me siento orgulloso,
como venezolano y como magistrado, de haber contribuido con un granito
de arena.
Junto
con diez de mis compañeros, fuimos factores fundamentales para
la estabilidad política del país y para evitar que los
atajos insurreccionales, sean frontales o sean encubiertos, pudieran
dar al traste con la Constitución. Por eso nuestra actitud
firme después de los sucesos del 11 de abril.
—¿Igual
usted hubiera defendido la Constitución de 1961 frente al golpe
de Estado liderado por Chávez?
—Nunca hubiera sido magistrado durante la Constitución
del 61, no obstante que aspiré y fui postulado en varias oportunidades.
Siempre
fui marginado porque los partidos políticos que dominaban el
antiguo Congreso de la República me veían como una persona
revolucionaria, como una persona de izquierda y, en consecuencia,
no valían para nada mis credenciales.
—¿Eso
es verdad, usted es un revolucionario?
— Sí, yo sí soy revolucionario.
En
el sentido más integral de la palabra; es decir, no soy militante
de ningún partido político, ni del MVR ni de los partidos
que apoyan al Presidente de la República, pero desde niño,
desde los 13 años, yo soy revolucionario, en el sentido de
que quiero cambios profundos en la estructura política y social
de Venezuela, para que sea un país autónomo soberano
e independiente y, además, solidario y justo, donde las grandes
mayorías de los venezolanos se vean favorecidos por la riqueza
pública, donde quepamos todos.
Se
trata de igualarnos por arriba, no por debajo y de que no hayan excluidos.
Ahora que voy a cumplir 56 años, estoy viendo que parte de
mis sueños de juventud se están haciendo realidad.
—¿Igualar
por arriba?
—El ideal de redención y de justicia social implica darle
a los ciudadanos mayor oportunidad para que crezcan desde todo punto
de vista: material y espiritual.
De
eso se trata la movilidad social, pues no es justo que sólo
20% de los venezolanos viva en condiciones dignas.
—¿Cómo
se concilian las ideas de movilidad social y de lucha de clases?
—Son perfectamente conciliables.
La
lucha de clases es el motor de la historia. Los pobres luchan por
salir de su situación de pobreza
—¿Estamos
hablando de la dictadura del proletariado?
—No, la Constitución establece un modelo humanista, según
el cual se puede respetar la libre iniciativa privada, pero el sector
público se convierte en el motor de la redención social
de los más necesitados, a través de una mejor y más
justa distribución de la riqueza.
—Cuentan
que el ex magistrado José Delgado Ocando, respetado por todos,
consideraba que Chávez no había hecho nada verdaderamente
revolucionario.
¿Qué
opinión le merecen las ejecutorias del actual gobierno, de
acuerdo con el tipo de revolución a la cual usted aspira?
—Hasta donde tengo entendido, el doctor Delgado Ocando estaba
y está totalmente identificado con el proceso de transformación
que estimula la Constitución de la República Bolivariana
de Venezuela.
Este
un proceso de cambios que podríamos decir que es revolucionario
si asumimos como revolución un cambio profundo en toda la estructura
del Estado.
—¿Usted
está identificado con este proceso de cambios?
—Yo estoy identificado absolutamente con el proceso de cambios
que estimula la Constitución. Esa Constitución corresponde
a mis sueños de juventud y, con gusto, estoy trabajando para
hacerla letra viva.
—¿Cómo
evalúa usted la gestión del presidente Chávez?
—El liderazgo del presidente Chávez ha sido factor fundamental
en este proceso de transformación. Ha sido el motor fundamental
de un proceso que lo van a hacer todos los venezolanos, respetando
las disidencias.
Será
la historia la que se encargará de evaluar la obra de gobierno
del presidente Chávez.
—¿Cómo
se inserta el Poder Judicial en ese proceso de cambios?
—Nosotros, como Poder Judicial, debemos iniciar una lucha por
transformar revolucionariamente al Poder Judicial. Sustituir el viejo
andamiaje, caracterizado por una burocracia excesivamente lenta, costosa
y corrupta, que sólo privilegiaba los grandes intereses. Rescatar
valores tan importantes como la dignidad, la honestidad y el amor.
Es un viejo sueño y ahora la historia nos ha dado la oportunidad
de ser protagonistas de ese cambio. Estoy lleno de esperanza, de optimismo,
de ilusiones...
—¿En
que se parece la revolución bolivariana a la revolución
cubana?
—Cada revolución debe ser original.
Uno
de los errores del pasado, de quienes luchamos por transformar revolucionariamente
la sociedad, fue la tendencia a copiar mecánicamente modelos
extranjeros. En un momento dado, quisimos copiar la revolución
bolchevique y fracasamos; después quisimos copiar la revolución
china y fracasamos; luego la revolución cubana influyó
poderosamente en la generación de los años 60 y quisimos
aplicar mecánicamente esa experiencia y también fracasamos.
La virtud de este proceso de transformación revolucionaria
que vive Venezuela es que es una experiencia original.
De
la línea dura
La conversación de Mora Díaz con El Nacional fue interrumpida
en varias oportunidades, una de las cuales tuvo que ver con la llamada
telefónica que le hizo el vicepresidente José Vicente
Rangel para preguntarle por qué habían sido suspendido
a tres jueces que favorecieron a los imputados por el caso del decreto
a través del cual Pedro Carmona Estanga sustituyó a
Hugo Chávez en la jefatura del Estado.
El
magistrado sólo le dijo que se trataba de unos jueces “anárquicos”.
A
través de un encuentro más directo, le explicaría
en que consiste esta especie de purga de funcionarios calificados
como “golpistas”.
A
los reporteros sólo reiteraría que todos los jueces
del país serán evaluados y que se harán las remociones
y designaciones que sean necesarias, con el propósito de que,
este mismo año, la mayoría de ellos sean titulares de
sus cargos.
Negó
enfáticamente que su poder como presidente del TSJ haya sido
debilitado con la designación de Luis Velásquez Alvaray
en la Presidencia de la Comisión Judicial y en la coordinación
general de la Dirección Ejecutiva de la Magistratura: “Va
a haber colaboración, más no confrontación. Yo
tengo excelentes relaciones personales con mi compañero y amigo
Luis Velásquez Alvaray”.
En
cuanto a los programas sociales que adelanta el Gobierno nacional
dijo que “cualquier iniciativa pública o privada que
atienda la redención del ser humano debe ser valorada como
positiva y aplaudidas por todo el país, no sólo por
los que apoyan al Presidente”. Igualmente, se manifestó
a favor de la llamada revolución agraria, “de acuerdo
con las líneas cardinales establecidas en la Constitución”,
acotó. Sin embargo, dijo estar en contra de las invasiones
y el desconocimiento arbitrario de la propiedad privada.
Además
de su familia y su trayectoria profesional, Omar Mora Díaz
habla con orgullo su militancia partidista en el pasado: “En
los años 66 y 67, yo estuve preso cuatro veces en la Digepol
y tres veces en la PM.
Estuve
hasta en Cachipo, un campamento antiguerrillero que estaba en Oriente.
Yo militaba en la Juventud Comunista, en la clandestinidad. La vez
que estuve preso seis meses fue cuando me imputaron haber colaborado
con la guerrilla, con el frente guerrillero que estaba en Falcón”.
—¿Y
sí estuvo vinculado con los movimientos guerrilleros?
—Sí. Yo trabajaba en el frente de masas. La labor nuestra
consistía en organizar a los estudiantes para apoyar el movimiento
insurreccional.
—¿Se
trataba de lucha armada?
—Claro, por supuesto, lucha armada. Yo comencé a los
13 años de edad y milité hasta que se dividió
el Partido Comunista. Me fui al PRV, porque yo era de la línea
dura, pero, como ese movimiento fue infiltrado por los organismos
de inteligencia se desmoronó. De ahí en adelante mantuve
una posición independiente de izquierda, hasta hoy.
“Nunca hubiera sido magistrado durante la Constitución
del 61, no obstante que aspiré y fui postulado en varias oportunidades.
Siempre fui marginado”
“En
este momento, Venezuela es una de las democracias más oxigenadas
del mundo, como lo dijo la esposa de Miterrand”
DE CHÁVEZ
A JESUCRISTO
No
obstante que su esposa lo estaba apurando, porque debía cumplir
otros compromisos, como corolario de la entrevista, Omar Mora Díaz
aceptó reaccionar con frases cortas a la mención de
instituciones y personalidades: ¿Medios de comunicación
social?: “Deben estar al servicio de la verdad y sólo
de la verdad”. ¿Partidos políticos?: “Deben
actuar en función de la construcción de un país
solidario”. ¿Fuerzas Armadas?: “Baluarte fundamental
de la Constitución y la ley”.
¿Iglesia?:
“Amor y más amor”, ¿Sociedad civil?: “Solidaridad”.
¿Hugo Chávez?: “Liderazgo”. ¿Simón
Bolívar?: “El mayor liderazgo”. ¿Fidel Castro?:
“Ejemplo de dignidad”. ¿George
W. Bush?: “Mediocridad”, ¿Luiz Inácio Lula
Da Silva?: “Esperanza”, ¿Juan Pablo II?: “Amor”.
¿Adolfo
Hitler?: “Negación de la vida”. ¿Kofi Annan?:
Moderación. ¿Bill Gates?: Agresividad”. ¿Alguien
más digno o indigno de admiración?: “Jesucristo”.
Omar Mora Díaz, Presidente del TSJ
No se puede hablar de corrupción en la DEM hasta no tener la
conclusión de las investigaciones
(http://www.tsj.gov.ve/informacion/notasprensa/notasdeprensa.asp?codigo=1795)
“Tenemos
la responsabilidad de vigilar que la corrupción judicial llegue
a su mínima expresión y que desaparezca”, afirmó
el magistrado Mora, destacando que de manera responsable tanto por
las autoridades salientes como las entrantes han solicitado los informes
pertinentes en todas las áreas
El magistrado Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Dr. Omar
Alfredo Mora Díaz, al ser consultado por los medios de comunicación
social sobre las denuncias de presunta corrupción en la Dirección
Ejecutiva de la Magistratura, señaló que el Alto Tribunal
tiene la altísima responsabilidad no solamente de encausar
y profundizar el proceso de cambios necesarios para construir un poder
judicial lo más transparente posible, sino que “tenemos
la responsabilidad de vigilar que los fenómenos de corrupción
judicial lleguen a su mínima expresión y que desaparezcan,
así como debemos luchar contra cualquier foco de corrupción
en el área administrativa”.
Explicó
que la unidad de auditoria maestra está en la obligación
permanente de hacer seguimiento a todos los procesos administrativos,
y no se puede hablar precipitadamente del fenómeno de corrupción
judicial en la DEM, hasta que no se tenga la conclusión de
las investigaciones, lo que sí se ha hecho de una manera responsable
tanto por las autoridades salientes como por las entrantes es solicitar
los informes pertinentes, tanto del área de infraestructura
como de la de adiestramiento y capacitación; y colocaciones
financieras con la mayor transparencia.
HAY QUE ESPERAR RESULTADOS ANTES DE HACER JUICIOS DE VALOR
Para Mora Díaz el hecho de que se haya iniciado una investigación
que se le solicitó a la Contraloría General de la República
“no significa que a priori se vayan a hacer juicios de valor
o una condenatoria anticipada y hay que esperar a que termine el proceso,
y si allí se determina que existe alguna irregularidad, para
eso están los organismos jurisdiccionales competentes a fin
de establecer las responsabilidades individuales a que hubiera lugar”.
Reiteró que sería inconveniente establecer un juicio
de valor porque eso atentaría no sólo contra la investigación
que adelanta la CGR, “sino contra el buen nombre y la reputación
de personas honorables a las que no podemos responsabilizar, sin que
medie un resultado lo más objetivo posible”, dijo.
PLAN ESTRATÉGICO DEBE DEFINIRSE POR CONSENSO
Le fue consultada su opinión sobre la viabilidad del Plan Estratégico
que propuso para reformar el poder judicial, “no quisiera evaluar
lo que va a suceder con la propuesta que presenté en la Sala
Plena de la semana pasada un simple papel de trabajo, donde con la
experiencia que hemos adquirido en los últimos 5 años
en el TSJ, tenemos una misión y una visión de hacer
un poder judicial, más eficaz, más transparente, mucho
más independiente que garantice la vigencia plena de la Constitución
y dar respuesta a una demanda de la sociedad. El país nos pide
un poder judicial confiable que garantice la vigencia plena de los
valores y principios de la Constitución, que eliminemos la
corrupción judicial, que legitimemos a los jueces porque ya
basta que tengamos un 70% de jueces en (provisoriedad), este es un
papel de trabajo que sometí a la consideración del resto
de mis compañeros y ellos lo están estudiando y harán
sus recomendaciones, al final no será un papel de trabajo presentado
por el Presidente sino un plan de trabajo aprobado por todos”.
Recomendó a los periodistas paciencia hasta la próxima
semana cuando se tomarán las decisiones en Sala Plena y se
darán a conocer en rueda de prensa al país, “por
respeto a la investidura e inteligencia de mis compañeros no
adelanto opiniones que puedan comprometer los aportes que ellos pudieran
hacer”.
LA META DE 2005 ES LEGITIMAR AL 100% DE LOS JUECES
Mora Díaz resumió las propuestas presentadas así:
“necesitamos construir un poder judicial con rostro humano,
un juez que sea juez rector, que a través de la oralidad (SIC)
del proceso se garantice una justicia expedita, rápida, oral,
honesta, transparente, equilibrada y que también de respuesta
a las necesidades de justicia de la inmensa mayoría de la población
que hasta ahora ha sido excluida del sistema de administración
de justicia; hay que continuar la política de construir una
planta física digna y dotarla con tecnología de punta;
entrenar y capacitar a los jueces de una manera intensiva pero con
calidad científica; hacer los concursos de oposición
de una manera programada; y el objetivo central es que este mismo
año estén legitimados el 100% de los jueces; en dos
palabras hacer lo que se hizo con la jurisdicción laboral,
que es la más moderna del mundo, por supuesto adecuándola
a las particularidades de cada una”.
CASAS DE LA JUSTICIA SERAN UNA REALIDAD
Informó que se retomará la idea de las Casas de la Justicia,
una propuesta que presentará la Dra. Luisa Estella Morales,
que consiste en ir hacia los sectores menos favorecidos, los más
excluidos que son entre el 70 y 80% de la población, establecer
módulos de atención ciudadana para que las personas
de escasos recursos puedan tener asesoría jurídica para
constituir cooperativas, para registrar títulos de propiedad
de la tierra, etc. “Es un plan integral mucho más complejo,
pero con los pies en la tierra y con posibilidades reales de materialización
y que obviamente va a ser producto de una larga discusión que
tendremos en Sala Plena. Ese plan se va a mejorar y lo que se apruebe
va a comprometer a los 32 magistrados”, dijo. Recordó
que ahora los magistrados no sólo tienen la función
jurisdiccional, sino la administrativa, gobierno y administración
del poder judicial, la defensa pública, la Escuela Nacional
de la Magistratura, la Comisión Judicial, la DEM, la Inspectoría
de Tribunales, y todos los organismos autónomos que tienen
que ver también con el poder judicial, “para que todos
como un gran equipo impulsemos los cambios necesarios con transparencia
como hemos hecho en otras jurisdicciones”, dijo Mora.
23 de febrero de 2005