“Los
fantasmas de Chavez,”
Reproducimos
un reciente editorial del diario La Nación, de Costa Rica.
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, denuncio la organización de un complot en suelo costarricense para derrocarlo. Lo hizo en su programa dominical por radio y television! ¡Alo, presidente!
Días antes, dos diputados oficialistas habían divulgado una supuesta conversación del presidente de la opositora Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), Carlos Ortega, asilado en Costa Rica. Esta conversación telefónica seria la prueba de la conspiración que el presidente de Venezuela describió, con su reconocida verborrea, como la ''preparación de un plan macabro que esta pensando de nuevo en desestabilizar al país para buscar una matazon de gente y achacársela a Chávez''. Este plan, según Chávez, se efectuaría en la jornada de recolección de firmas para el referendo revocatorio, entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre próximos.
El presidente Chávez no solo ha sido adicto, al parecer, a los golpes de estado para tumbar gobiernos democráticos, sino que, ahora, en el disfrute de las bienandanzas de la democracia, de la que el renegaba, inventa asonadas y conspiraciones desde un país democrático como Costa Rica, ejemplar casa abierta para los perseguidos de las dictaduras y también para las victimas de los gobernantes elegidos democráticamente, pero sin conciencia ni vivencia de los deberes inherentes a su cargo.
Costa Rica posee atestados luminosos en el campo del asilo político y del respeto a los principios democráticos que el presidente Chávez, por obvias carencias culturales y políticas, ignora. Sus exabruptos, prueba inequívoca de debilidad y de miedo, no menguaran jamás los vigorosos vínculos de amistad y de comunión democrática entre los pueblos de Venezuela y Costa Rica. El pueblo venezolano sabe muy bien que, en las horas más oscuras de la dictadura, los costarricenses compartimos generosamente el pan y el techo con ellos. Ahora, Venezuela vuelve a sufrir y, nuevamente, algunos de sus hijos han tocado nuestras puertas en busca de seguridad, de trabajo y de inversiones. Nos sentimos honrados de su presencia y amistad.
Las ''denuncias'' del presidente Chávez son, por su contenido, fraudulentas, pero, por su intención, veraces. Reflejan a cabalidad su estilo y su táctica, aunque no sean originales. Corresponden al viejo truco de los gobernantes desgastados y de los dictadores de inventar conspiraciones para llamar la atención y reforzar la adhesión de sus militantes y allegados. El insulto y la violencia suelen ser el espacio vital de este tipo de personajes. Las consecuencias están a la vista: Venezuela es una nación fracturada. Hugo Chávez no ha sido, como compete a todo presidente demócrata genuino, un factor de unidad y de inspiración, sino de odio y confusión.
Su procacidad lo ha llevado, en esta coyuntura, no solo a fantasear con un complot desde Costa Rica, sino también a insinuar la amenaza de la suspensión del suministro de petróleo a nuestro país, como procedió contra Republica Dominicana, cuando sus propios fantasmas lo perseguían susurrándole que el ex presidente Carlos Andrés Pérez y funcionarios del gobierno dominicano preparaban un plan para asesinarlo. Cuando un gobernante da muestras públicas de tanta inestabilidad mental y lleva el arma del chantaje a estos niveles, no hay duda de que sus más feroces adversarios o conspiradores están dentro del el y sin posibilidad de asilo.
La historia política documenta, en otros personajes, estos mismos trances.
Quiera Dios que el pueblo venezolano encuentre la luz y la paz social tras esta dolorosa pesadilla.